Construyamos un movimiento internacionalista de masa por la justicia social y climática!

Declaración del Buró Ejecutivo de la Cuarta Internacional

En agosto de 2026 hemos vivido el día más caluroso jamás registrado en el mundo. Récords de calor, olas de calor más prolongadas y precoces, fenómenos violentos como tifones, derrumbes de glaciares e inundaciones: las catástrofes se han vuelto más frecuentes, más intensas y más mortíferas. Los fenómenos meteorológicos extremos se agravarán aún más bajo la influencia de El Niño, exacerbado por el calentamiento global. Las consecuencias humanas, sociales y de salud son dramáticas, tanto en el presente como a largo plazo, con la amenaza de un agravamiento de la crisis alimentaria, el desplazamiento forzado de las poblaciones más vulnerables y un recrudecimiento de las enfermedades infecciosas…

No se trata de un fenómeno pasajero, sino de la manifestación del cambio climático, provocado por el capitalismo productivista, indisolublemente ligado a las energías fósiles. Ya se admite que se superará el aumento de 1,5 °C en la temperatura global de la Tierra.

Los dirigentes ya no contemplan la posibilidad de impedir que se supere este umbral; en el mejor de los casos, buscan limitarlo mediante «soluciones tecnológicas» altamente dudosas, mientras siguen quemando carbón, gas y petróleo. ¡Por supuesto que eso es imposible!

Peor aún, mientras su sistema llega a sus límites, los capitalistas buscan nuevas oportunidades de ganancia en los sectores de la agroindustria, el armamento y la inteligencia artificial. Todos estos son sectores que emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero, desperdician energía y son responsables del colapso de la biodiversidad y del acaparamiento de tierras en detrimento de la soberanía alimentaria.

Existe una amenaza real de caer en un cataclismo, del cual las tragedias actuales son solo un pequeño anticipo.

El auge, en todas las regiones del mundo, de fuerzas oscurantistas, de extrema derecha y escépticas del cambio climático representa un salto cualitativo tanto en la aceleración de políticas criminales como en la adaptación selectiva, racista, sexista y colonialista que beneficia a una minoría privilegiada. En este sentido, la lucha por la justicia climática y la lucha antifascista son inseparables.

Es ahora esencial combinar la adaptación y la mitigación, es decir, la protección inmediata contra los efectos nocivos del cambio climático de quienes se ven más gravemente afectados (personas mayores, niñes, mujeres embarazadas, enfermos crónicos...) y la lucha contra las causas: la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la agroindustria.

La Cuarta Internacional quiere trabajar en la construcción de un movimiento de masas internacionalista por la justicia social y climática.

Un movimiento que elabore, junto con las personas más directamente afectadas, un plan de emergencia que incluya medidas concretas de adaptación en los ámbitos de la ayuda de emergencia y la protección de la población, la vivienda, la salud, el empleo, los edificios escolares y hospitalarios, la ordenación del territorio, la política urbana, la gestión del agua, la política agrícola, el asilo… : una adaptación pública, democrática, social y feminista.

Necesitamos con urgencia medidas de protección totalmente financiadas contra los incendios forestales, las inundaciones y las malas cosechas. Luchamos tanto contra los efectos inmediatos como contra las causas del colapso ecológico.

Un plan de este tipo es inseparable de la lucha por una reducción masiva y rápida de las emisiones: apuntando al consumo de los más ricos (aviones privados, superyates, etc.); ampliando y combinando las diferentes campañas contra proyectos innecesarios y destructivos (infraestructuras viales, centros de datos de IA, extractivismo, megainstalaciones comerciales, de transporte, deportivas…), a favor de la protección de los bosques y los humedales, etc. ; llevando a cabo campañas a favor de reivindicaciones ecológicas y sociales, como el transporte público gratuito, la agroecología… sin olvidar la reducción de la jornada laboral y de los ritmos de trabajo, al tiempo que se exige el desarme de los criminales climáticos en los sectores financiero, energético y agroindustrial.

Este movimiento debe vincularse a las movilizaciones contra el militarismo y el imperialismo, a favor de la solidaridad con Palestina, de la reforma agraria y de las reivindicaciones de la clase trabajadora en torno al costo de vida.

En un mundo en llamas, nos oponemos a la marcha hacia la militarización impulsada por los Estados capitalistas. Debemos concentrar nuestras fuerzas en la lucha contra el cambio climático, y no desperdiciarlas luchando unos contra otros. El genocidio en Palestina, la invasión de Ucrania y el ataque contra Irán han tenido consecuencias devastadoras para el medio ambiente. 

Nos oponemos a la negación del cambio climático por parte de la extrema derecha, que solo sirve a los intereses de sus patrocinadores multimillonarios, los mismos que construyen búnkeres subterráneos para sobrevivir al colapso ecológico mientras niegan su existencia.

Apoyamos la libertad de circulación. Nos solidarizamos con todos los seres humanos obligados a abandonar sus hogares por la guerra, la pobreza y el colapso climático. También apoyamos el derecho de las comunidades indígenas a defender sus tierras contra el extractivismo, la contaminación y el saqueo. Deberían tener derecho de veto sobre cualquier proyecto que amenace sus tierras, sus medios de subsistencia y su cultura.

No nos hacemos ilusiones sobre el proceso de la COP, pero estas cumbres pueden constituir una oportunidad para que el movimiento mundial desafíe a los políticos capitalistas y a las grandes empresas. Científicas (climatólogos...) cuestionan las soluciones tecnológicas y el dogma productivista y capitalista; son aliados valiosas.

La Cuarta Internacional se compromete con una campaña mundial contra los centros de datos dedicados a la inteligencia artificial.

Alienta a todas sus organizaciones a sumarse a los movimientos que se oponen a estas infraestructuras contaminantes, que consumen grandes cantidades de energía, agua y tierras.

Esta campaña se arraiga en nuestras comunidades y en nuestros lugares de trabajo, y moviliza a las y los habitantes locales, a las y los activistas por el clima y a muchos otros.

Más allá de eso, luchamos contra el proyecto de sociedad que subyace al desarrollo de la inteligencia artificial. Esta refuerza las capacidades de vigilancia del Estado contra la población y los medios militares contra los pueblos. Agrava el extractivismo y sus estragos. Otorga más poder a la clase capitalista a costa de las y los trabajadores y campesines.

En una época marcada por el colapso ecológico y el auge del capitalismo autoritario de extrema derecha, necesitamos un movimiento de masas dotado de un programa de resistencia que incluya una estrategia destinada a arrebatar el poder político a los capitalistas para construir otra sociedad, buena, verdaderamente humana, ecosocialista. Por lo tanto, debemos seguir difundiendo y enriqueciendo el Manifiesto por una revolución ecosocialista.

Luchamos por convertir en acciones las ideas de nuestro manifiesto revolucionario contra el capitalismo mundial: no se trata solo de desafiar a los capitalistas, sino de derrocarlos y construir una vida mejor para todas y todos, en una relación sostenible con la Tierra. ¡Tenemos un mundo por ganar!

12 de octubre de 2026

Buró Ejecutivo